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22 enero 2026
Abordar los problemas de riego requiere atención, experiencia y buen criterio. Incluso los sistemas de riego más fiables pueden presentar fallos con el tiempo. Los problemas más habituales suelen seguir patrones recurrentes: fugas, caídas de presión, electroválvulas que no responden y obstrucciones en las tuberías.
Con una revisión específica es posible identificar rápidamente el origen del fallo e intervenir sin desperdiciar tiempo ni recursos.
Las fugas son uno de los fallos más frecuentes y suelen deberse a uniones imperfectas, movimientos del terreno o desgaste de los componentes. No siempre se manifiestan de inmediato: ruidos extraños, pequeñas filtraciones, hundimientos o zonas constantemente húmedas pueden indicar un punto crítico en la línea.
Una vez localizada la zona sospechosa, conviene comprobar racores, tuberías y aspersores para determinar si se trata de un asentamiento del terreno, un componente dañado o simplemente una unión que ha perdido estanqueidad. Una sencilla prueba de presión permite verificar rápidamente que el sistema mantiene la estanqueidad sin otros puntos débiles.
Una presión de agua incorrecta en el sistema de riego puede provocar problemas de cobertura, especialmente en instalaciones grandes. Para identificar la causa, resulta útil:
La falta de arranque de un sector suele deberse a un problema eléctrico o mecánico en la electroválvula. Para saber dónde intervenir, conviene empezar comprobando que llegue el voltaje correcto, revisar el estado del solenoide y asegurarse de que la membrana interna no esté bloqueada por residuos.
Si algo no funciona como debería, basta con limpiar bien el cuerpo de la válvula, comprobar las conexiones eléctricas y, si es necesario, sustituir el solenoide o la membrana. En terrenos muy arenosos también conviene verificar que no entre arena en la válvula, ya que podría impedir su movimiento.
Arena, cal y residuos orgánicos pueden reducir el caudal y comprometer toda la red. Para resolver el problema, conviene empezar por las operaciones más simples: limpiar los filtros, realizar un lavado interno de las líneas y sustituir las boquillas más desgastadas. Un lavado a presión ayuda a eliminar los bloqueos más persistentes.
Para evitar que las obstrucciones se repitan con frecuencia, es recomendable instalar filtros adecuados a la calidad del agua utilizada.
El mantenimiento preventivo es el mejor aliado para reducir imprevistos. Revisar filtros y válvulas al inicio y al final de la temporada, controlar periódicamente la presión y sustituir los componentes desgastados en las zonas más exigidas ayuda a mantener el sistema siempre eficiente.
Mantener bajo control los problemas de riego permite intervenir rápidamente, reducir desperdicios y garantizar una gestión más fluida durante toda la temporada.
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